Cabecera
Don Miguel y Susana, dueños de Viñedo de Piedra, sentados en un tronco frente a las hileras de vid y la Peña de Bernal Don Miguel y Susana, dueños de Viñedo de Piedra, sentados en un tronco frente a las hileras de vid y la Peña de Bernal

Viñedo de Piedra en Bernal: un legado de amor familiar

Una historia de trabajo compartido sostenida por el amor a la tierra y al vino queretano

El trayecto hacia Bernal, en el municipio queretano de Ezequiel Montes, despierta una inmediata sensación de escape. La ciudad queda atrás y se abre paso un horizonte nuevo. En pleno recorrido, Viñedo de Piedra aparece como una invitación a detener el tiempo. Afuera, el clima semidesértico y la brisa queretana se hacen notar al instante: el calor envuelve la piel mientras el aire transporta un característico aroma a tierra fértil.

La visita a este viñedo comienza desde antes de llegar. Es un lugar emplazado entre cerros, con una vista asombrosa hacia la Peña de Bernal al fondo que nos recuerda la belleza que alberga la naturaleza. Viñedo de Piedra no se visita, se recorre. Lo primero que salta a la vista son las hectáreas de vid y un pequeño tren que pasea a los visitantes, llenando el paisaje de movimiento.

Vista aérea de los jardines y las hileras de vid de Viñedo de Piedra, en Bernal, Querétaro

El alma del viñedo: una historia familiar

El recibimiento del lugar no es protocolario: te reciben como si te estuvieran esperando. La experiencia se vuelve única al tener la oportunidad de conocer a quienes lideran este proyecto, sus dueños: don Miguel y su esposa Susana. Su cortesía, calidez y humildad reflejan la esencia de todo su equipo. Si bien el vino, con sus colores vibrantes y su magnífico sabor, deleita los sentidos, lo que realmente le da alma a este viñedo es su gente y la visión que hay detrás de su operación.

“Deseamos que nuestros visitantes se sientan consentidos y atendidos como merecen”

Miguel Ángel Feregrino

Esta dimensión profundamente humana se hace evidente al escuchar con transparencia la verdadera raíz de todo lo que se va construyendo en el lugar: un testimonio vivo de cómo una empresa familiar aprende a desafiar la adversidad. Con total sencillez, don Miguel rememora los retos, las dificultades y los aprendizajes que han llevado a consolidar este proyecto, así como el crecimiento de la gente que colabora en él.

Entrada de Viñedo de Piedra con su letrero, columnas de piedra y torre al fondo

La arquitectura de piedra

Al comenzar el recorrido, se puede sentir el contraste que surge al dejar atrás el calor del exterior y entrar al restaurante. Es ahí donde el clima cambia de manera notable, pues la imponente estructura de piedra absorbe la temperatura de afuera. Su interior fresco te envuelve entre los aromas que salen de su cocina al centro del recinto y el murmullo de las conversaciones de quienes lo han elegido como refugio. En las mesas interiores o en sus jardines se puede disfrutar desde tablas de bocadillos hasta cortes de carne selectos, siempre acompañados por sus vinos tinto, rosado o blanco de destacada calidad.

En cada rincón hay una experiencia que despierta los sentidos. No se percibe como un solo espacio, sino como múltiples ambientes de piedra que se van descubriendo conforme se avanza.

Mesa larga para eventos en el piso superior de Viñedo de Piedra con vista a la Peña de Bernal

Un proyecto arquitectónico con identidad

Al profundizar en el sitio, se hace evidente que Viñedo de Piedra es significativamente más amplio de lo que se aprecia desde el exterior. Además del restaurante en su primer nivel, el lugar alberga otras áreas: espacios para comidas, cenas o eventos en la parte superior, zona que culmina con un mirador de 360º que brinda una vista panorámica a la imponente Peña de Bernal.

En el nivel inferior, el viñedo cuenta con una cava subterránea: un espacio íntimo diseñado para catas y maridajes, ambientado por un recorrido visual plasmado en las paredes que combina arte, historia familiar y creatividad. Asimismo, en ella se exhibe una barrica de gran formato y, a su lado, la medalla de plata obtenida en el Concours Mondial de Bruxelles 2026, otorgada a su tinto de reserva.

El trayecto vuelve a donde todo comienza: la tierra. Tras la experiencia, se sale nuevamente hacia las hileras de vid, donde la cosecha y el trabajo diario sostienen a Viñedo de Piedra. Ahí es donde cobra sentido la vivencia: no se trata solo del vino, sino de una familia que decide construir con amor y unión la solidez de este proyecto.

Concluimos la visita con el deseo de volver para crear nuevos momentos significativos, pues al final, cada copa de este vino guarda no solo su sabor, sino también el alma y el esfuerzo de quienes lo hacen posible.

Ya sea para una visita casual o un evento específico, reserva tu próxima visita en su sitio web y descubre por qué cada botella es un homenaje a la tierra queretana.

Añadir un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete para recibir lo mejor de los negocios en tu correo.